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Edición Julio-Septiembre 2018 / Volumen 16-Número 3

Editorial

Palabras de bienvenida en el XXVIII Congreso Mexicano de Dermatología

Welcoming words at the XXVIII Mexican Congress of Dermatology

A nombre de la doctora María de Lourdes Nader, Presidenta de este Congreso, y del mío propio, me permito dirigir a ustedes este breve mensaje.En México la dermatología es una especialidad joven, pero pujante y vibrante. En la época precortesiana se conocían las enfermedades de la piel y también se sabía de la farmacopea dermatológica de los aztecas. Luego, con la conquista, muchos conocimientos fueron traídos por los españoles.

La Sociedad Mexicana de Dermatología fue fundada en 1936 por los doctores Latapí, Núñez Andrade y González Herrejón, pertenece a la Liga Internacional de Sociedades Dermatológicas y junto con la Academia de Dermatología tuvieron a su cargo la organización del XI Congreso Internacional de Dermatología celebrado en México en 1977. Sin embargo, desde su fundación la Sociedad Mexicana de Dermatología tiene entre sus objetivos promover y difundir los conocimientos de la especialidad, así como estimular la enseñanza y la publicación de estos conocimientos. En sus estatutos se señala que también tendrá por objeto la organización de eventos, en particular el Congreso Mexicano de Dermatología, los cuales se iniciaron para festejar el 25 aniversario de la Sociedad en 1962, en la Ciudad de México, y hoy con mucho entusiasmo celebramos el XXVIII en la colonial ciudad de Querétaro.

En lengua precolombina, Querétaro significa isla de las salamadras azules, y su nombre deriva de la mala pronunciación del término tarasco querendaro. Hoy esta ciudad nos recibe con los brazos abiertos. Su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978, y también se le conoce como Joya de las Américas. A partir de 1996 se le dio el nombre de Santiago de Querétaro. En 2003 el arte barroco de la Sierra Gorda fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, y en 2016 fue ganadora del concurso del Instituto Cervantes para elegir la palabra más bonita del español, que fue Querétaro.

Esta ciudad fue la puerta del mundo chichimeca y el fin de la cultura mesoamericana. Originalmente una posesión otomí, sojuzgada por chichimecas y purépechas y después por mexicas, por lo que sus habitantes son producto de una sociedad pluriétnica.

En el siglo XVIII fue la tercera ciudad en importancia de México, después de la capital y Puebla. Fue un gran centro agrícola, textil, educativo y religioso. En esa época fray Junípero Serra contribuyó a la edad de oro con la fundación de las misiones de la Sierra Gorda, ayudó a los indios pregonando los principios de humildad y caridad, les ayudó a desarrollar sus capacidades productivas, de organización y a defenderse del despojo, maltrato y explotación. Se valió de la palabra, el corazón y, sobre todo, del ejemplo. Fue una de las figuras más importantes de la civilización y desarrollo de Querétaro. Jorge Luis López Portillo, reconocido como uno de los pioneros de los derechos humanos en las Américas, dice que fue un santo que se inspiró no sólo en su fe religiosa, sino sobre todo en la dignidad humana y la libertad de conciencia.

En Querétaro encontrarán templos que son una expresión del barroco mestizo, el arte de fusión entre lo español y lo indígena, en un verdadero alarde del sincretismo. Sus fuertes atestiguan una combinación de esfuerzo y habilidad, y ahora también un orgullo mexicano de la aeronáutica.

Para la organización del programa del Congreso nos hemos metido en nuestra propia piel, tratando de promocionar a las nuevas generaciones pero sin descuidar la experiencia que dan los años, sintetizado en el eslogan: “Por una dermatología siempre joven”. De nuestra gestión al frente de la Sociedad hablarán los hechos, estamos conscientes de que tendremos fallas, pero siempre procuramos que las características de nuestra mesa directiva sean la sencillez, la austeridad y la mexicanidad, y al mismo tiempo la superación académica, científica y cultural.

Aunque me falta un trecho al frente de la directiva, y me siento muy satisfecho con los logros, con el trabajo intenso de la mesa directiva, y por qué no, también con el estímulo de los momentos adversos, hago un alto en este Congreso para recordar unas palabras de Séneca que me envió un amigo, y hoy comparto con ustedes.

No hemos de preocuparnos de vivir largos años,Sino de vivirlos satisfactoriamente; porque vivir largo tiempo depende del destino,vivir satisfactoriamente de tu alma.

Aprovecho para expresar mis sentimientos de ternura y confianza para Alejandra, Hilda y Adriana, nuestros apoyos en la oficina, a Julieta Ruiz su elegancia y discreción para dirigir las economías de la Sociedad, y a Angélica su motor lúdico, ya que todos nos complementamos. Gracias a Julio Salas por el acercamiento con algunos profesores invitados que serán parte medular del programa científico, así como el apoyo de Claudia Rosales, Presidenta de la Asociación Queretana. A Servimed, nuestra agencia de congresos en mi bienio, y a la industria farmacéutica, que a pesar de tanto congreso, ha reconocido que no será en balde su inversión técnica y científica. Una mención muy especial al gobierno de Querétaro, por su apoyo. Mi agradecimiento eterno a Víctor Mena y María de Lourdes Nader, filántropos y humanistas, pero sobre todo amigos insustituibles y colaboradores geniales para el mejor lucimiento y excelencia de este Congreso.

Imposible agradecer a cada uno de ustedes, que muchas veces exclusivamente con su presencia o su silencio, me demostraron su apoyo. A los que me alentaron y estimularon, o sencillamente me hicieron reflexionar, muchas gracias.

 

Roberto Arenas

Presidente de la Sociedad Mexicana de Dermatología